foto: Francois "Coco" Laso - OTRO CIELO NO ESPERES

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y el gusto por la cercanía, la identificación y la mirada.


20-jun-2009

mirar afuera, mirando adentro: reflexiones desde la cámara.

por Armando Salazar Larrea

"no se trata de penetrar la intimidad sino ser parte de ella"

(Henri Cartier Bresson)

“lo importante no es cómo un fotógrafo mira al mundo,
lo importante es su relación íntima con él” (Antoine D´Agata)

Las dos frases escritas arriba pertenecen a dos fotoperiodistas de la Agencia Mágnum, el uno, Cartier Bresson, propulsor del famoso “instante decisivo” que planteaba que fotografiar era encontrar una imagen que sintetizara lo que ese momento de vida en esencia era; planteaba así una manera de fotografiar desde el intelectual cultivado y ordenador del mundo que busca y encuentra sentidos en lo fotografiado. Esta idea, que movió los cimientos del oficio del reporterismo gráfico fue tomada años después por los cineastas documentales del cine directo como Albert Maysles, que llamaban a esta actitud documental la de la “mosca en la pared”; estar en el sitio y no estar a la vez. Cartier Bresson se relaciona con el mundo siendo parte de la escenografía y desde ahí trata de sentir la vida que se representa frente al lente, es parte de ella pero no se involucra.

La otra frase es de alguien para nada conocido (a menos que uno sea un usuario fijo de la web de Magnum): Antoine D´Agata. Francés también pero que pertenece a un mundo radicalmente distinto. Sus imágenes nos hablan de prostitutas, extremismo sexual y otros territorios puertas adentro; no en vano es discípulo de Nan Goldin y Larry Clark (aquel que hizo ese largo sensacionalista sobre jóvenes y sida que llamó “Kids”). D´Agata no cree en eso de no estar y estar, para él el fotógrafo es un participante directo en la creación de la imagen por lo que desaparecer no es lo importante, lo importante es ser parte de lo que pasa frente a la cámara y, si lo que pasa es marginal, peligroso y descarnado, mejor aún.

Estas dos posturas parecen querernos obligar a decidir dónde debemos ubicarnos: en el territorio del que observa y comenta o en el territorio del que observa y participa. Esta aparente obligatoriedad de definirse dentro de uno de estos polos del oficio documental, se vuelve una camisa de fuerza cuando uno se encuentra buscando la ubicación de una mirada propia. Si bien Cartier Bresson fotografió en los cincuenta y D´Agata en los dos mil, ambas parecen hoy como dos miradas demasiado determinantes y totalizadoras al igual que otras que también marcaron su propio e inamovible territorio:

• La de la cámara como instrumento de denuncia y por ende político, esa es la mirada de fotógrafos como Eugene Smith o cineastas como Joris Ivens que se acercaron a los grandes temas con una clara intención de cambiar al mundo.
• La de la cámara como testigo de la marginalidad y de instrumento de retrato del otro pero nunca de uno mismo, es una mirada demagógica con profunda conciencia de clase (de aquel que se asume como sujeto que ve), ahí está Sebastiao Salgado o cualquier documentalista latinoamericano que vea el mundo rural desde una mirada paternalista en donde lo exótico, lo marginal y lo curioso manda.
• La de la mirada lírico-melancólica que intenta transformar su proyecto formal en un proyecto social como lo hacen Chris Marker o Juan Carlos Rulfo (Del Olvido al no me acuerdo) en donde el documental se asume desde la poesía y no desde la realidad.
• La de la cámara-espejo, el documental intimista como extensión del diario personal en una introspección y subjetividad que no rinden cuentas a nadie. Aquí aparecen muchos documentalistas contemporáneos que se cansaron de la obligatoriedad de cambiar la mundo y prefirieron empezar por ellos mismos.

Todos estos territorios de lo documental se construyen siempre desde un concepto o idea concisa: el documentalista como traductor, como recuperador, como ser reflexivo o como testigo privilegiado.

Pero hay otra dinámica en el documentalismo, una dinámica de verse como un habitante de un espacio intermedio. Un ejemplo claro es el trabajo de Robert Frank, fotógrafo y cineasta de vanguardia (vanguardia de sentimiento, no de forma) que en 1955 hizo un proyecto no estereotipado llamado THE AMERICANS, un documento que le tomó un año de recorrido fotográfico por los EEUU con una idea documental distinta que nos adentra en el mundo de lo íntimo pero, sin por eso, perder de vista el referente y las estructuras de la sociedad, es un tipo de imagen que trata de entender y a la vez comentar y plantea que vemos el mundo para preguntarnos siempre cómo es que lo estamos viendo. Un punto intermedio, ni artístico ni mediático y que está a medio camino entre las miradas de Cartier Bresson y de Antoine D´Agata, una imagen que no está claramente identificada ni con el arte ni con la prensa ni con la noticia; es un terreno en donde la forma de ver se completa con lo que la vida le da al documentalista en una búsqueda y una lucha constante entre lo que es y lo que creemos que es. Este tipo de imagen documental que no siempre es noticia, ni siempre reflejo íntimo, ni siempre forma estética, ni siempre documento, parte de una necesidad de crear contacto con la vida, los seres humanos y los espacios. Esta necesidad de topar lo cotidiano y no de atraparlo, de leer la vida y no de opinar unilateralmente sobre ella, de buscar y no de saber, de intentar y de a lo mejor no lograr, de estar como en un no-lugar, en un limbo, de vivir en un momento cargado de intensidad vital, de azar y de incertidumbre, es un estilo documental en donde no hay espacio para la pose, la filatiquería artística o el culto a la estética, es el territorio de la duda y no el de una asumida superioridad creativa sobre lo registrado.

Foto: Robert Frank - THE AMERICANS (1956)

La duda en todas sus variantes es el motor de esta forma de trabajar: La duda de si esa es la posición de cámara correcta, de si se incomoda o no o de cómo se está siendo percibido. La duda por entender qué verdad de la vida se está dando frente a nosotros, qué conflictos no están resueltos y qué está en juego. A veces aparece la certeza pasajera de que hemos encontrado algo, ese algo por supuesto, no dura nada y continua la lucha constante contra la imposibilidad en donde casi siempre se llega tarde o no se llega nomás. Al final del proceso documental y sólo cuando la imagen ha perdurado o la edición se ha encontrado es cuando algo del dudar se disipa y aparecen atisbos de una mirada, de una idea plasmada a través de una cámara, de un yo que mira a otro. Pausa necesaria, la del montaje, para continuar otra vez en busca de una dinámica documental de mirar afuera cuando lo que estamos viendo es lo que está adentro y adentro, lo que hay, sobre todo son dudas.

*este texto se publicó originalmente en el Catálogo 2009 del Octavo Festival Internacional de Cine Documental, EDOC

11-mar-2009

Diane Arbus - una mirada contemporánea


Diane Arbus (NY, 1923-1971) sigue siendo importante. Miró la realidad dejando claro que el fotógrafo es sobre todo un intérprete y que la realidad no es un hecho inobjetable. Su decidida forma de ver asentada en la necesidad de comunicar identidades y cercanías con una fuerte carga política y crítica, creó un cuerpo de fotografías que no apuestan por la verdad sino más bien por el territorio de las revelaciones y de las búsquedas.

Imágenes que nos llenan de preguntas más que de respuestas. (LIC)

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"Nada nunca es lo mismo que dicen que fue.
Sólo reconozco lo que nunca antes he visto"



travesti en su fiesta de cumpleaños, NY, 1969

enano mexicano en su habitación de hotel en Nueva York, 1970

hombre sentado con sostén y medias, NYC, 1967

"Yo creo que si uno escrutina la realidad de bien cerca, si de alguna forma, realmente nos acercamos a ella, esta se vuelve fantástica. Es realmente totalmente fantástico que nos veamos así y eso se ve muy claramente en una fotografía. Hay algo irónico en el mundo y tiene que ver con el hecho de que lo que intentas nunca sale en la forma en que se intentó"

jóven patriota con una bandera, NYC, 1967

niño con una granada de juguete en el Parque Central, NYC, 1962

"Recuerdo hace mucho tiempo cuando empecé a fotografiar pensé que había mucha gente horrible en el mundo y que sería terriblemente duro fotografiar a todos ellos así que si fotografiaba alguna clase de ser humano general, todo el mundo lo reconocería. Algo así como lo que llaman el humano común o algo así. Fue Lisette Model, mi profesora, la que finalmente me aclaró que mientras más específico se es, más general será"

hombre jóven y su mujer embarazada en el Parque "Washington Square",
NYC, 1965


"Algunas fotos son incursiones tentativas sin que uno lo sepa. Se convierten en métodos. Es importante hacer malas fotos, sirven para que uno reconozca lo distinto y lo que no se ha hecho antes. Te hacen reconocer algo que no has visto en una forma que te hará reconocerlo cuando lo veas nuevamente"

Gemelas idénticas, Roselle, NJ, 1967

"Los chinos dicen que uno pasa del aburrimiento a la fascinación fácilmente y yo creo que eso es verdad. Nunca he escogido un sujeto por lo que significa para mi o por lo que pienso de él. Uno sólo tiene que escoger un sujeto, lo que se cree de él sólo saldrá si trabajamos lo suficiente"

Hombre jóven con rulos en su casa en la calle "West 20th", NYC, 1966

"Algo que me topó desde el inicio es que uno no pone en una fotografía lo que va a salir o viceversa, lo que sale no es lo que se pone. Nunca he tomado una foto que he querido hacer, siempre son mejores o peores"

Textos y pies de foto sacados de: Diane Arbus: An Aperture Monograph

13-feb-2009

LUCHO MEJÍA la condición política del acto de ver

por Francois Laso
(texto leído en el lanzamiento del libro de Lucho Mejía en el Ministerio de Cultura)

BUENAS NOCHES, Me han pedido que hable de Luis Mejía, de su fotografía pero sobretodo de lo que significa, para alguien como yo, percibir el legado de su trabajo.

Apelaré a mis recuerdos e inevitablemente hablaré de imágenes que no están aquí. Hablaré de unas fotografías que aún hoy, no sé bien si las veo extraordinarias porque de la imagen a la retina y de ésta a la memoria, hay un recorrido insondable que las arregla y las pervierte; o porque mi propia vivencia perceptiva de esta ciudad que se repite a sí misma desde los sesenta, se funde, en cada esquina, con las fotos que descubrí, en una tarde infotografiable, en la casa de Don Lucho.

Y es que para eso están los “antiguos”, como se decía en las escuelas de bellas artes, caducas, pero sabias; para iluminar el viaje perceptivo de lo real a la retina y de su fondo hacia la memoria, al discurso, al lenguaje y nuevamente, los que tenemos suerte, a la fotografía. Para un fotógrafo como yo, que confundía forma con fondo y a Cartier-Bresson con el espíritu santo (ya después me hice bien ateo), descubrir una edición celeste y celestial editada por el Banco Central sobre lucho mejía y publicada en 1989, aclaró en mi, las trampas del espíritu, la devoción al santo y el contenido de la fotografía.

Mujer junto a la puerta de la Iglesia de San Francisco. Quito, 1982. TITULO: LA CITA.

Luis “Tinta China” Castañeda. Boxeador – entrenador. Coliseo Julio César Hidalgo.
Quito, 1984: TITULO: LUIS “TINTA CHINA” CASTAÑEDA


Si algo nos hace falta a los más jóvenes, desde la fotografía, es la posibilidad de un vínculo con nuestras imágenes del pasado. La mirada es una construcción, pero cuando desconocemos como hemos sido vislumbrados como imagen, como hemos sido mirados, repetimos torpemente la misma imagen hasta el cansancio. No logramos reinterpretarnos, mirarnos nuevamente. Esa desdicha está profundamente ligada a los usos que el poder hace, sutilmente, de las imágenes. No impide que las hagamos: impide que las veamos. El tan vapuleado tema de nuestra falta de memoria no tiene que ver con una supuesta y extraordinaria capacidad de olvido (como nos lo repiten constantemente) sino con una constante práctica de ocultamiento desde los medios, el estado y los archivos. Existen, desde esas prácticas, unas realidades más importantes que otras: hermosos paisajes deshabitados y multicolores que ocultan y suplantan cotidianidades menos exóticas y pintorescas.

Si uno ve con detenimiento estas imágenes, aprende de don Lucho, el sentido de la distancia. El espacio exacto que se establece entre el fotógrafo y el mundo, ética del cuerpo, bioética… dice Gombrich. Aprende a ver como un grande; VER COMO MEJIA: El ojo sagaz no viene de la fotografía sino de la política, de la condición política del acto de ver. Es que el Lucho es un ser-ojo. O, si se quiere, un ser-rojo que, para mí, en estas fotos aquí expuestas habla menos de una ciudad, como cualquier otra en los sesenta en Latinoamérica, esa es la anécdota obsesiva de estos últimos tiempos, y más, mucho más de una ciudad construida desde la mirada, en unos sesenta únicos y particulares por nuestros… esa es la fotografía de un fotógrafo y eso es mucho más revelador que un edificio horroroso, a mitad construido, en los potreros de Iñaquito.

Eso, se dice fácil, pero no es sencillo: La hoja de papel aguanta todo… un negativo no.

Indígena otavaleño esperando una audiencia con un juez en
el Palacio de Justicia. Quito, 1966. TITULO: EL AGRADO

Niños en un sector de Quito Colonial. 1966. TITULO: EL CHICLE.

En los sesenta hubieron 3 golpes de estado, Velasco Ibarra, Arosemena, otro Arosemena más, un tal Yerovi y Velasco otra vez. En una isla del Caribe, una revolución, hubo una piedra lunar, tan lejana como absurda y hubo también un inolvidable panecillo sin virgen. Y estaba todo eso y otra cosa. Mejía se propuso rescatar el valor de lo aparentemente insignificante y la dignidad de lo, a todas luces, pisoteado. Y a toda luz su búsqueda estética dio testimonio de los marginados con una increíble coherencia (estética y filosófica) y un profundo sentido de la distancia: Mejía, en el acto político de ver, es al mismo tiempo el que fotografía y el que es fotografiado. Si otra cosa más se aprende de don Lucho, es su alucinatoria capacidad para fundirse en y con el otro y si una cosa más, una más de tantas, se aprende de don Lucho, es que la fotografía es un acto de COMPASIÓN.

El papel aguanta todo… un negativo no.

Albañiles haciendo la excavación para los cimientos del paso a desnivel de
las Avenidas 10 de Agosto y Patria, Quito, 1969. TITULO: CUARTETO

Yo miro al ser humano en medio de su lucha por sobrevivir dentro de una sociedad hostil, hablo de su fotografía y hablo de él. La nuestra es una sociedad hostil, la del desheredado… ahí están, todos los días y en estos tiempos nuestros, las fotografías de Dolores Ochoa, de Ricardo Bohorquez y las de Alejandro Reinoso que son hijas de las de mejía…. y ahí está Mejía, desheredado, casi en el olvido y con una economía de la que se sabe… pero no se habla. Paradojas del poder, maravillas de la fotografía. El oficio se aprende desde la humildad, me recuerda constantemente Lucho Mejía cuando me mira, desde la profunda reverencia a lo real, desde su naturaleza obtusa. Somos hijos de la historia que construimos y somos hijos de las imágenes que conservamos y recordamos, somos hijos de la política del ver; los fotógrafos de hoy somos hijos del Lucho Mejía.

Al verlo HOY, JUNTO A MI desearía profundamente que fuese un espejo… porque hoy, don Lucho, quisiera ser como usted…

Quito, 14 de enero de 2008


Fotos tomadas del libro Luis Mejía. Colección Fotografos del Ecuador.
Volumen 1. Ediciones del Banco Central del Ecuador, quito, 1989.

26-dic-2008

OTRO CIELO NO ESPERES - Francois "Cocó" Laso

Francois "Coco" Laso acaba de publicar su libro OTRO CIELO NO ESPERES con fotografías hechas en Quito en Semana Santa entre 1999 y 2008.

Un trabajo de largo aliento que se acerca a algo tan común para los quiteños de una manera humana, desacralizada y no folclórica. Sus fotos no nos hacen pensar ni en la religión, ni en la teatralización, nos hacen pensar en el sentir de las personas necesitadas de la fe y detrás de ellos,en el poder de la iglesia (LIC)


(...) El hoy fugaz es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno
(Jorge Luis Borges, El Instante)


“Laso inaugura una mirada problemática al preguntarse: “¿Quiénes somos, visualmente, durante los rituales de semana santa?”. Su respuesta no proviene de la mirada etnográfica, con su interés participativo y empático. Tampoco de la periodística con sus pretensiones realistas."

“la experiencia solitaria junto a la comunal, la urbana impregnada de ruralidad, el recóndito eroticismo de un cuadro colonial, la distancia del común con una iconografía occidentalizada”

"Esta colección de fotografías pone sobre el tapete el conflicto intrínseco a la representación visual de una práctica íntima que es periódicamente espectacularizada con la finalidad de confirmar a la religiosidad como un fantasma que pulula por la esfera pública en los recovecos de cierta ciudad franciscana. “

“Estas son fotografías que diseccionan el cielo y el infierno que constituyen a la religiosidad en el día a día de lo mundano en una ciudad andina y anodina.”

“Sacadas de su contexto ritual, en su vida de libro, ellas devienen en una crítica más amplia y nos hablan tanto de la religión como intimidad cuanto del territorio de fuerzas que ésta comparte con la economía, la ciudad, y el Estado.”

Textos sacados de PENITENCIA por X. Andrade (Manglaralto, noviembre de 2007)

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François Laso. Fotógrafo. Ha realizado varias exposiciones fotográficas en Ecuador y en el extranjero y ha sido fotógrafo de rodaje de Crónicas y Mientras Llega el día. Director de Arte del Largometraje argumental Fuera de Juego (premio Cine en Construcción Festival Donostia San Sebastián), director del tercer y cuarto Festival de Cine Documental EDOC organizado por Cinememoria, profesor de fotografía en la Universidad Católica del Ecuador, director de fotografía del documental El Comité de Mateo Herrera, Mete Gol Gana de Felipe Terán y Este maldito país de Juan Martín Cueva.