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foto: Walker Evans, "Alabama Tenant Farmer Wife / Allie Mae Burroughs" 1936

25/08/2009

"Bruce Davidson - Brooklyn Gang" - lo que fue, aún perdura

Brooklyn Gang (1959) de Bruce Davidson es un libro único, no sólo porque en Amazon una copia se vende como en $1200 sino porque abrió la puerta al gran tema de los sesenta: la juventud como protagonista de la cultura y de los movimientos sociales. Este "gang" o pandilla que se autodenominaba "The Jokers" fue fotografiado a lo largo de un año y nos muestra una jóven norteamérica algo gris y "cool"en un intenso proceso de búsqueda de identidad.

Una mirada sobre la vulnerabilidad e intensidad de la juventud en un complejo retrato de la nostalgia, la ansiedad y la alienación. Davidson, fotógrafo de Magnum siempre plantea historias sociales y emocionales a la vez, documentalista puro.

Aquí una pequeña muestra del proyecto con textos del autor. (LIC)

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"Yo tenía veinticinco años y ellos unos dieciséis. Podría haber sido tomado por uno de ellos. Mi forma de trabajar es entrar en un mundo desconocido, explorarlo a lo largo de un período de tiempo y aprender de él. En el momento en que se me permitió ser testigo del miedo, la depresión y la ira, pronto me di cuenta que yo también estaba sintiendo algo de su dolor. Al permanecer cerca de ellos, descubrí mis propios sentimientos de fracaso, de frustración y de rabia"


"Una cosa que he descubierto es que es más fácil entrar a un mundo que salir de él. La parte dolorosa es salir cuando ya se han creado uniones y vínculos."


"Todas mis fotos son retratos - autorretratos, porque no se puede fotografiar a alguien sin reflejarse como un eco, como un murciélago que envía una señal que regresa. Uno obtiene no sólo una imagen de quién se fotografía, sino al mismo tiempo una imagen de uno mismo"


"Yo creo que la fotografía para mi se convierte en una parte de mi ser. Una vez que he capturado algo en la película, ya no quiero que nunca me deje. Es como un niño a quien quiero ver crecer."


"Magnum se convirtió en un género Cartier-Bresson, todo el mundo andaba haciendo fotos sobre "momentos decisivos". Luego, a medida que pasaba el tiempo gente como Susan Meiselas entró y se metió en las entrañas de las cosas, confrontando a las personas, viviendo con ellos. No sólo aquel que observa y se va"







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BONUS: una muestra de la utilidad contemporánea de estas imágenes en el tema "Beyond here lies nothing" de Bob Dylan (otro que aún perdura)

video

28/07/2009

Fotografías trucadas, pruebas históricas

Reproducimos aquí un texto de Susan Sontag sobre la relación entre la fotografía, el truco y la historia. Con la digitalización de nuestros tiempos y la posibilidad infinita de crear imágenes sobre hechos que ni siquiera han estado frente a una cámara, estas reflexiones sobre la "escenificación" de imágenes que se mostraban como verdaderas nos parecen justas ahora que la idea de lo "real" parece diluirse. Hubo un tiempo en dónde la noción de haber sido engañado era una noción mayor, ahora todo es posible de ser simulado sin que nadie se preocupe, se moleste o siquiera se entere. Si la televisión nos enfrentó a la supuesta veracidad haciendo que la fotografía perdiera el poder del engaño, la digitalización nos llevó a la inmovilidad y la impavidez. Hoy por hoy en que ninguna foto pierde su valor cuando sabemos cómo ha sido hecha y el truco y la simulación ya son parte esencial de nuestro día a día, detenernos a pensar sobre la veracidad de la imagen nos parece pertinente.(LIC)

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Fotografías trucadas, pruebas históricas

Susan Sontag

Descubrir que las fotografías que al parecer son registro de clímax íntimos, sobre todo del amor y de la muerte, están construidas nos consterna especialmente. Lo significativo de Muerte de un soldado republicano es que es un momento real, captado de modo fortuito; pierde todo valor si el soldado que se desploma resulta que estaba actuando ante la cámara de Capa.


Robert Doisneau nunca declaró explícitamente que la fotografía para Life de una joven pareja que se besa en una acera cerca del Hotel de Ville parisino en 1950 tuviera la categoría de instantánea. Sin embargo, la revelación, más de 40 años después, de que la foto había sido una escenificación con una mujer y un hombre contratados por ese día a fin de que se besuquearan ante Doisneau provocó muchos espasmos de disgusto entre quienes la tenían por una visión preciosa del amor romántico y del París romántico.


Queremos que el fotógrafo sea un espía en la casa del amor y de la muerte y que los retratados no sean conscientes de la cámara, se encuentren con "la guardia baja". Ninguna definición compleja de lo que es o podrá ser la fotografía atenuará jamás el placer deparado por una foto de un hecho inesperado que capta a mitad de la acción un fotógrafo alerta.

Si damos por auténticas sólo las fotografías resultantes de que el fotógrafo se encuentre en las proximidades, con el obturador abierto, justo en el momento preciso, se podrán considerar pocas imágenes de la victoria. Tómese la acción de hincar una bandera en una colina mientras la batalla toca a su fin. La célebre fotografía del levantamiento de la bandera estadunidense en Iwo Jima el 23 de febrero de 1945 resulta ser una "reconstrucción" de un fotógrafo de la Associated Press, Joe Rosenthal, de la ceremonia matutina del levantamiento de la bandera que siguió a la captura del Monte Suribachi, reconstruida aquel mismo día pero más tarde y con una bandera más grande.


La historia de otra imagen de la victoria, también icónica, que el fotógrafo de guerra soviético Yevgeny Khaldei tomó de soldados rusos enarbolando la bandera roja sobre el Reichstag, mientras Berlín aún arde el 2 de mayo de 1945, es que la proeza se organizó ante la cámara.


El caso de una fotografía optimista, muy difundida, hecha en Londres en 1940 durante el blitz es más complejo, pues el fotógrafo, y por ello las circunstancias de su realización, son desconocidas. La foto muestra, a través de una pared faltante de la biblioteca sin techo y absolutamente arruinada de la mansión Holland, a tres caballeros de pie sobre los escombros, más o menos apartados unos de otros frente a dos paredes de estanterías milagrosamente intactas. Uno mira los libros; otro engancha el dedo en el lomo de uno que está a punto de retirar del anaquel; otro más, libro en mano, lee: la elegante composición del cuadro tiene que haber sido dirigida. Es grato imaginar que la foto no es la invención a partir de cero de un fotógrafo merodeando por Kensington después de un ataque aéreo, el cual había llevado a tres individuos para interpretar a tres curiosos impertérritos cuando descubrió la biblioteca de la gran mansión jacobea cercenada y a la vista, sino más bien que los tres caballeros habían sido vistos satisfaciendo sus apetitos librescos en la mansión destruida y el fotó-grafo había hecho poco más que espaciarlos de modo distinto a fin de conseguir una foto más mordaz. En todo caso, la fotografía conserva el encanto y la autenticidad de la época que celebra un ideal ya desaparecido de entereza nacional y sangre fría. Con el tiempo, muchas fotografías trucadas se convierten en pruebas históricas, aunque de una especie impura, como casi todas las pruebas históricas.


Sólo a partir de la guerra de Vietnam hay una certidumbre casi absoluta de que ninguna de las fotografías más conocidas son un truco. Y ello es consustancial a la autoridad moral de esas imágenes. La fotografía de 1972 que rubrica el horror de la guerra de Vietnam, hecha por Huynh Cong Ut, de unos niños que corren aullando de dolor camino abajo de una aldea recién bañada con napalm estadounidense, pertenece al ámbito de las fotografías en las que no es posible posar.


Lo mismo es cierto de las más conocidas sobre la mayoría de las guerras desde entonces. Que a partir de la de Vietnam haya habido tan pocas fotografías bélicas trucadas implica que los fotógrafos se han atenido a normas más estrictas de probidad periodística. Ello se explica en parte quizá porque la televisión se convirtió en el medio que definía la difusión de las imágenes bélicas en Vietnam y porque el intrépido fotógrafo solitario con su Leica o Nikon en mano, operando sin estar a la vista buena parte del tiempo, debía entonces tolerar la proximidad y competir con los equipos televisivos: dar testimonio de la guerra ya casi nunca es un empeño solitario. En sus aspectos técnicos las posibilidades de arreglar o manipular electrónicamente las imágenes son mayores que nunca, casi ilimitadas. Pero la práctica de inventar dramáticas fotos noticiosas, de montarlas ante la cámara, parece estar en vías de volverse un arte perdido.

20/06/2009

mirar afuera, mirando adentro: reflexiones desde la cámara.

por Armando Salazar Larrea

"no se trata de penetrar la intimidad sino ser parte de ella"

(Henri Cartier Bresson)

“lo importante no es cómo un fotógrafo mira al mundo,
lo importante es su relación íntima con él” (Antoine D´Agata)

Las dos frases escritas arriba pertenecen a dos fotoperiodistas de la Agencia Mágnum, el uno, Cartier Bresson, propulsor del famoso “instante decisivo” que planteaba que fotografiar era encontrar una imagen que sintetizara lo que ese momento de vida en esencia era; planteaba así una manera de fotografiar desde el intelectual cultivado y ordenador del mundo que busca y encuentra sentidos en lo fotografiado. Esta idea, que movió los cimientos del oficio del reporterismo gráfico fue tomada años después por los cineastas documentales del cine directo como Albert Maysles, que llamaban a esta actitud documental la de la “mosca en la pared”; estar en el sitio y no estar a la vez. Cartier Bresson se relaciona con el mundo siendo parte de la escenografía y desde ahí trata de sentir la vida que se representa frente al lente, es parte de ella pero no se involucra.

La otra frase es de alguien para nada conocido (a menos que uno sea un usuario fijo de la web de Magnum): Antoine D´Agata. Francés también pero que pertenece a un mundo radicalmente distinto. Sus imágenes nos hablan de prostitutas, extremismo sexual y otros territorios puertas adentro; no en vano es discípulo de Nan Goldin y Larry Clark (aquel que hizo ese largo sensacionalista sobre jóvenes y sida que llamó “Kids”). D´Agata no cree en eso de no estar y estar, para él el fotógrafo es un participante directo en la creación de la imagen por lo que desaparecer no es lo importante, lo importante es ser parte de lo que pasa frente a la cámara y, si lo que pasa es marginal, peligroso y descarnado, mejor aún.

Estas dos posturas parecen querernos obligar a decidir dónde debemos ubicarnos: en el territorio del que observa y comenta o en el territorio del que observa y participa. Esta aparente obligatoriedad de definirse dentro de uno de estos polos del oficio documental, se vuelve una camisa de fuerza cuando uno se encuentra buscando la ubicación de una mirada propia. Si bien Cartier Bresson fotografió en los cincuenta y D´Agata en los dos mil, ambas parecen hoy como dos miradas demasiado determinantes y totalizadoras al igual que otras que también marcaron su propio e inamovible territorio:

• La de la cámara como instrumento de denuncia y por ende político, esa es la mirada de fotógrafos como Eugene Smith o cineastas como Joris Ivens que se acercaron a los grandes temas con una clara intención de cambiar al mundo.
• La de la cámara como testigo de la marginalidad y de instrumento de retrato del otro pero nunca de uno mismo, es una mirada demagógica con profunda conciencia de clase (de aquel que se asume como sujeto que ve), ahí está Sebastiao Salgado o cualquier documentalista latinoamericano que vea el mundo rural desde una mirada paternalista en donde lo exótico, lo marginal y lo curioso manda.
• La de la mirada lírico-melancólica que intenta transformar su proyecto formal en un proyecto social como lo hacen Chris Marker o Juan Carlos Rulfo (Del Olvido al no me acuerdo) en donde el documental se asume desde la poesía y no desde la realidad.
• La de la cámara-espejo, el documental intimista como extensión del diario personal en una introspección y subjetividad que no rinden cuentas a nadie. Aquí aparecen muchos documentalistas contemporáneos que se cansaron de la obligatoriedad de cambiar la mundo y prefirieron empezar por ellos mismos.

Todos estos territorios de lo documental se construyen siempre desde un concepto o idea concisa: el documentalista como traductor, como recuperador, como ser reflexivo o como testigo privilegiado.

Pero hay otra dinámica en el documentalismo, una dinámica de verse como un habitante de un espacio intermedio. Un ejemplo claro es el trabajo de Robert Frank, fotógrafo y cineasta de vanguardia (vanguardia de sentimiento, no de forma) que en 1955 hizo un proyecto no estereotipado llamado THE AMERICANS, un documento que le tomó un año de recorrido fotográfico por los EEUU con una idea documental distinta que nos adentra en el mundo de lo íntimo pero, sin por eso, perder de vista el referente y las estructuras de la sociedad, es un tipo de imagen que trata de entender y a la vez comentar y plantea que vemos el mundo para preguntarnos siempre cómo es que lo estamos viendo. Un punto intermedio, ni artístico ni mediático y que está a medio camino entre las miradas de Cartier Bresson y de Antoine D´Agata, una imagen que no está claramente identificada ni con el arte ni con la prensa ni con la noticia; es un terreno en donde la forma de ver se completa con lo que la vida le da al documentalista en una búsqueda y una lucha constante entre lo que es y lo que creemos que es. Este tipo de imagen documental que no siempre es noticia, ni siempre reflejo íntimo, ni siempre forma estética, ni siempre documento, parte de una necesidad de crear contacto con la vida, los seres humanos y los espacios. Esta necesidad de topar lo cotidiano y no de atraparlo, de leer la vida y no de opinar unilateralmente sobre ella, de buscar y no de saber, de intentar y de a lo mejor no lograr, de estar como en un no-lugar, en un limbo, de vivir en un momento cargado de intensidad vital, de azar y de incertidumbre, es un estilo documental en donde no hay espacio para la pose, la filatiquería artística o el culto a la estética, es el territorio de la duda y no el de una asumida superioridad creativa sobre lo registrado.

Foto: Robert Frank - THE AMERICANS (1956)

La duda en todas sus variantes es el motor de esta forma de trabajar: La duda de si esa es la posición de cámara correcta, de si se incomoda o no o de cómo se está siendo percibido. La duda por entender qué verdad de la vida se está dando frente a nosotros, qué conflictos no están resueltos y qué está en juego. A veces aparece la certeza pasajera de que hemos encontrado algo, ese algo por supuesto, no dura nada y continua la lucha constante contra la imposibilidad en donde casi siempre se llega tarde o no se llega nomás. Al final del proceso documental y sólo cuando la imagen ha perdurado o la edición se ha encontrado es cuando algo del dudar se disipa y aparecen atisbos de una mirada, de una idea plasmada a través de una cámara, de un yo que mira a otro. Pausa necesaria, la del montaje, para continuar otra vez en busca de una dinámica documental de mirar afuera cuando lo que estamos viendo es lo que está adentro y adentro, lo que hay, sobre todo son dudas.

*este texto se publicó originalmente en el Catálogo 2009 del Octavo Festival Internacional de Cine Documental, EDOC

11/03/2009

Diane Arbus - una mirada contemporánea


Diane Arbus (NY, 1923-1971) sigue siendo importante. Miró la realidad dejando claro que el fotógrafo es sobre todo un intérprete y que la realidad no es un hecho inobjetable. Su decidida forma de ver asentada en la necesidad de comunicar identidades y cercanías con una fuerte carga política y crítica, creó un cuerpo de fotografías que no apuestan por la verdad sino más bien por el territorio de las revelaciones y de las búsquedas.

Imágenes que nos llenan de preguntas más que de respuestas. (LIC)

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"Nada nunca es lo mismo que dicen que fue.
Sólo reconozco lo que nunca antes he visto"



travesti en su fiesta de cumpleaños, NY, 1969

enano mexicano en su habitación de hotel en Nueva York, 1970

hombre sentado con sostén y medias, NYC, 1967

"Yo creo que si uno escrutina la realidad de bien cerca, si de alguna forma, realmente nos acercamos a ella, esta se vuelve fantástica. Es realmente totalmente fantástico que nos veamos así y eso se ve muy claramente en una fotografía. Hay algo irónico en el mundo y tiene que ver con el hecho de que lo que intentas nunca sale en la forma en que se intentó"

jóven patriota con una bandera, NYC, 1967

niño con una granada de juguete en el Parque Central, NYC, 1962

"Recuerdo hace mucho tiempo cuando empecé a fotografiar pensé que había mucha gente horrible en el mundo y que sería terriblemente duro fotografiar a todos ellos así que si fotografiaba alguna clase de ser humano general, todo el mundo lo reconocería. Algo así como lo que llaman el humano común o algo así. Fue Lisette Model, mi profesora, la que finalmente me aclaró que mientras más específico se es, más general será"

hombre jóven y su mujer embarazada en el Parque "Washington Square",
NYC, 1965


"Algunas fotos son incursiones tentativas sin que uno lo sepa. Se convierten en métodos. Es importante hacer malas fotos, sirven para que uno reconozca lo distinto y lo que no se ha hecho antes. Te hacen reconocer algo que no has visto en una forma que te hará reconocerlo cuando lo veas nuevamente"

Gemelas idénticas, Roselle, NJ, 1967

"Los chinos dicen que uno pasa del aburrimiento a la fascinación fácilmente y yo creo que eso es verdad. Nunca he escogido un sujeto por lo que significa para mi o por lo que pienso de él. Uno sólo tiene que escoger un sujeto, lo que se cree de él sólo saldrá si trabajamos lo suficiente"

Hombre jóven con rulos en su casa en la calle "West 20th", NYC, 1966

"Algo que me topó desde el inicio es que uno no pone en una fotografía lo que va a salir o viceversa, lo que sale no es lo que se pone. Nunca he tomado una foto que he querido hacer, siempre son mejores o peores"

Textos y pies de foto sacados de: Diane Arbus: An Aperture Monograph