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foto: Raymond Depardon - SAN CLEMENTE (1980)

17 jun. 2008

sentido y emoción - ideas sobre la fotografía documental (2da parte)

por
Armando Salazar Larrea

(cont)

“lo importante no es cómo un fotógrafo
mira al mundo, sino cómo se relaciona con él”
(Antoine D'agata – fotógrafo MAGNUM)



Caso aparte es el de Pablo Corral Vega, cuencano y fotógrafo de alto vuelo. Su trabajo para National Geographic, su libro publicado en el 2007 a propósito de sus veinticinco años de oficio y la exposición en el Centro Cultural Metropolitano lo ubican como el más importante fotoperiodista del país. Para él el asunto no va tanto por lo noticioso cuanto por la forma de involucrarse con la persona fotografiada. Lo dice claramente: “El respeto es más importante que la imagen”. Su trabajo de mayor profundidad hasta hoy se centra en la cultura del tango bonaerense, un proyecto que sale bien librado de caer en imágenes de carácter turístico y nos hace compartir vidas y sensaciones a profundidad.

FOTO “Bar de Roberto” Pablo Corral

Esta aproximación no es nueva, ya lo dijo Sebastiao Salgado, el fotógrafo brasilero: “Una imagen es tu integración con la persona que fotografiaste en el momento en que empezabas a trabajar increíblemente bien con ella y así la fotografía no es más que la relación que tienes con tu sujeto.”. Por eso para Salgado, la velocidad y el apuro son atentatorios en la creación de imágenes: “…cuando trabajas apresuradamente lo que pones en tus fotografías es algo que ya traías contigo: tus propias ideas y conceptos. Cuando te tomas más tiempo para desarrollar un proyecto aprendes a entender a tus sujetos. Llega un momento en que ya no eres tú quien está tomando las fotos. Algo especial sucede entre el fotógrafo y la gente que está siendo fotografiada. El fotógrafo se da cuenta de que esa gente le está obsequiando las fotografías”

En su tesis "La fotografía documental contemporánea en Brasil", Etelvina Teresa Borges vaz Dos Reis dice de Salgado: “Aunque Salgado se defina como fotoperiodista, su trabajo hace mucho que ha dejado de pertenecer al mundo del fotoperiodismo para incorporarse a la fotografía documental. Por su modo de trabajar, sus criterios, su ritmo, los recursos que utiliza para dar a conocer su obra y el modo como expone el resultado de sus proyectos, no hay dudas de que Salgado pertenece a la nueva fotografía documental contemporánea. Las fotos de Salgado sirven como reflexión sobre nuestro mundo actual, globalizado y al mismo tiempo tan desequilibrado. Sus imágenes no tienen ningún poder de cambiar o solucionar aquellos problemas señalados, pero nos hacen reflexionar interiormente sobre nuestra condición humana. Nos hacen pensar más antes de tirar un plato de comida a la basura, al ver tanta gente con hambre. Nos hacen valorar más el trabajo que tenemos, al ver tantos trabajadores en situaciones indignas de trabajo. Nos hacen ser más solidarios, si no con aquellos que aparecen en sus imágenes, por lo menos con la gente que está al nuestro alrededor, por nuestras calles. Para esto están sus imágenes. Para comunicar, informar, documentar, reflexionar, filosofar, argumentar, denunciar...”

FOTO Sebastiao Salgado

Desde este punto, nos preguntamos entonces sobre las diferencias entre lo documental y lo periodístico. Juan Antonio Serrano, fotoperiodista cuencano dice que “la diferencia está en el tiempo que le dedicas a un tema, la verdad son términos que confunden, por que para mi, personalmente, casi no existe ninguna diferencia, creo que la única diferencia está en la posición de quien toma las fotos.”. Otra opinión similar la da Francois Laso, fotógrafo y director de fotografía, para él “la diferencia se podría encontrar en la etimología de las palabras más que en las imágenes mismas, lo uno es un documento, con todas sus connotaciones (histórico, testimonial, vivencial, etc) y lo otro es una noticia”. Paula Parrini, jóven fotógrafa piensa que “la foto documental va más allá de trasmitir el hecho como noticia, trasmite el hecho como un instante de la vida, que no necesariamente es un hecho noticioso en si.” y para María Inés Armesto, que trabaja en el Archivo Blomberg, “el fotoperiodismo se encarga de fotografiar sucesos noticiosos, teniendo como punto de partida la agenda de un medio, no decide qué fotografiar, decide cómo fotografiar y ese cómo muchas veces está guiado por las expectativas del editor y otros criterios mediáticos.”.

En otro tipo de análisis, Francisco Mata Rosas, fotógrafo mejicano dice: “documentar es interpretar y comunicar, documentar es ser capaz de percibir y transmitir, documentar es reflexionar y compartir, aclarar preguntándose, cuestionar afirmando, negar mostrando, apoyar escondiendo, combatir desplegando, entender confrontando”.

Parece ser que el tiempo entregado al trabajo, la idea de documento frente a la idea de noticia, el aprovechamiento de la ambiguedad del hecho fotográfico y la profundización en el tema son puntos de diferenciación entre estos dos ámbitos.

Pero todo también puede resumirse en la actitud. Una actitud documental es una actitud de constante cuestionamiento sobre lo visible, de búsqueda de pistas sobre el funcionamiento de la vida, de querer entender lo que está entre la gente y descubrir con la cámara los lazos y las fuerzas invisibles; un acto en donde creamos una síntesis de lo que ese momento potencialmente pueda significar, un camino válido para poner en perspectiva a la vida, para permitirnos sentirla como instante y esencia y no solo como continuidad y cambio. Es un oficio mediante el cual le otorgamos sentidos a la existencia.

Lo documental también puede ser la búsqueda de adhesiones, de solidaridades, de adentrarse en vidas ajenas y convivir con ellas. El fotoperiodismo duro a veces nos aleja de lo que nos muestra, su frontalidad parece decir “esto no te pasa a ti” por lo que no genera empatía sino alivio. El documental no, lo que intenta en última instancia es que veamos también nuestra vida y la repensemos.

Proyectos documentales de largo aliento en el Ecuador no ha habido muchos: El colectivo TIF (Taller Independiente de Fotografía) manejado por Guillermo Echeverría, Geovanny Villegas, Tito Guarderas y Pablo Sánchez ha hecho muestras colectivas entre las que se destaca ¿desecho común?, un trabajo sobre la cotidianidad de pacientes psiquiátricos de un hospital de Quito. Francois Laso y Mateo Herrera presentaron una muestra sobre los presos del penal García Moreno hecha a lo largo de tres meses como trabajo paralelo al rodaje del largometraje documental “El Comité” y uno de los más ambiciosos fue sin duda Rockeros, mortales como cualquiera de Paco Salazar, realizado entre 1995 y 2000 en el sur de Quito y que se expuso en formato grande en el Centro Cultural de la PUCE en un intento de acercar los disímiles polos de la ciudad.

FOTO Paco Salazar “Alex”

A diez años de estos rockeros, ahora que están pasando los tiempos del arte contemporáneo, ahora que el fotoperiodismo se ha instalado con fuerza en su territorio y ahora que la digitalización y el fotomontaje empiezan a tomarse los espacios, nos preguntamos con más fuerza que antes: ¿qué vemos los fotógrafos ecuatorianos?, ¿qué mundos nos interesan?, ¿que voces retratamos?, ¿cómo las retratamos?, ¿cuál es nuestra mirada?, ahora que todo el mundo tiene una cámara es importantísimo repensar el papel de la fotografía, de lo contrario y tomando las palabras de Pepe Avilés, podemos caer fatalmente en el territorio de “la levedad” y en la falta de compromiso. Frente a este peligro, lo documental tiene mucho que decir.

*este artículo se publicó originalmente en la revista CHASQUI 101 de Mayo de 2008

1 comentario:

Anónimo dijo...

mi comentario es que todo esto es muy bueno para nuestro futuro ok.